La otra Brédice
Es directora teatral, actriz, docente y dramaturga. Tiene una muy buena relación con su hermana Leticia, a quien aconseja y protege. En su domicilio de Tomás Le Breton da clases de teatro. Su vínculo con la zona es total: suele presentar sus obras en Parque Chas.
Es verano y hace calor en Siberia. Obviamente, no estamos hablando del este de Rusia sino de la zona de Urquiza que se desarrolla detrás de la estación. Para ubicarnos más precisamente, diremos que estamos en la calle Tomás Le Breton. Allí, pasamos a buscar a Marisa Brédice y en un café cercano, nos cuenta acerca de su infancia en el barrio:
Soy de una familia re italiana. Tengo siempre el recuerdo de mi padre construyendo en nuestra casa: siempre reciclando y refaccionando cosas. Eso nos dio algo muy creativo y artesanal, de estar siempre armando y construyendo. Hice la escuela en el San Francisco de Asís en Belgrano y mis hermanas, Leticia y Valeria, fueron al Olavarría y luego, al Saint James. Les llevo bastantes años, soy hermana pero también soy casi madre. Las tres nos dedicamos a lo artístico. Valeria es maquilladora de películas y lo mío es el teatro. La primera obra que vio Leticia fue una que hice: La casilla de las macetas, de Graham Greene. Ella habrá tenido ocho años y salió maravillada del teatro.
¿En el 25 de Mayo, quizá?
No, en un teatro de Devoto. Sin embargo, le tengo mucho aprecio al 25 de Mayo. Recuerdo que de chica vi Bambi allí. Hace pocos años pude ver La Paranoia , de Rafael Spreguelburd y también al Grupo Arena ¡Me encantaron! Reviví cosas muy lindas de mi infancia.
¿Quiénes fueron sus maestros teatrales?
Me formé con Serrano, con Bartís y también con Mauricio Kartun. Una de las cosas que más me dedico es la dramaturgia. En los últimos tiempos estuve trabajando con José María Muscari. Actué en su obra Feizbuk, el producto de una investigación acerca de esta conocida red social. Lo característica de la obra es que se hizo con siete elencos distintos: uno de extranjeros, uno freak, otro cargado de contenido erótico y un elenco adolescente, entre otros. Formé parte de la dramaturgia, de la investigación y actué en el elenco freak. En la actualidad estoy dando clases de teatro en mi casa. Ambiento mi patio con telón, parrilla de luces, equipo de música, etc. También escribo obras, las ensayamos y las presentamos en el Teatro Crisol, de Parque Chas, ubicado en Arismendi 2658. Este año vamos a estrenar una obra mía que se llama Solo por Hoy. Trabajo desde lo que le pasa al actor y qué va surgiendo. De ahí nace una investigación y de su resultado, la obra. Es más desde adentro hacia fuera. Sin llegar a ser un teatro psicologista, a veces, sin proponérselo, se convierte en un espacio terapéutico. No es casualidad: hice teatro con Tato Pavlovsky y, recientemente, una especialización con Alfredo Moffat, el máximo responsable de La Colifata (N. de la R.: el colectivo cultural compuesto por pacientes del Hospital Borda) y la desmanicomialización en Argentina.
¿Cuál es su relación con su hermana Leticia? ¿Cómo se lidia con el éxito y los escándalos mediáticos?
Con Leti no somos hermanas, somos muy amigas. Promociono su obra en las redes sociales, nos llamamos varias veces al día, etc. La apoyo un montón en todo lo que hace, tenemos mucha intimidad. Estuve viviendo muchísimos años en Brasil ¡Hasta me recorrí el país en una casa rodante! Resulta que cuando volví, Leticia ya era famosa: la gente la miraba en la calle. Era raro, exótico. Luego nos hicimos cargo, la entendimos: la protegemos y ayudamos. Ella supo estar en casa cuando los papparazzi la acosaban. Salía mi hijo a despistarlos y a charlar con ellos. Se vivió como algo anecdótico, más que nada. Lamentablemente, suele llamar mucho más la atención algún escándalo que algún producto cinematográfico o televisivo.
¿No escribió sus crónicas brasileras?
¡No! ¡Las tengo que escribir porque fue maravilloso lo que vivimos allá! Queda pendiente.
Sabemos que da clases en un instituto junto a figuras como: Alejandro Fiori, Gustavo Garzón, Lorena Paola ¡Todo un Dream Team!
Es una escuela que se llama Nuevo Escenario y es de Mariano Cabrera. Tiene una sede en Ramos Mejía y otra en Ituzaingó, donde doy clases para niños. De los adultos se encarga Emilia Mazer. Además estoy dando clases de teatro para adolescentes y niños en Vicente Lopez en dos barrios vulnerables. Un proyecto depende de la Casa de la Cultura de la Municipalidad de Vicente López y el otro, está emparentado a una ONG y se llama Proyecto Envión. Los niños son re agradecidos y, sobre todo, tienen mucho amor para dar. A los chicos les encanta disfrazarse y maquillarse, se enloquecen.
Se trata de una generación con un ojo puesto en la estética…
¡Exacto! No lo había pensado así. De todas formas, yo intento que ellos vuelvan a ser niños, que disfruten de su niñez. Hacen unas catársis impresionantes. A veces reflexionamos sobre tópicos como la vergüenza: ¿Qué es? ¿Por qué la tengo? Se deconstruye, se rompe la construcción social.
Los chicos suelen ir a castings ¿Qué les aconseja a ellos y a sus padres?
Es todo un tema. Algunos quieren que los chicos vayan a castings. Yo les advierto bastante a los padres: es algo muy delicado, no es mi parte. Existe mucha tensión y presión en una publicidad, hay mucha proyección del padre en el niño. A algunos padres les termino diciendo: "¿Por qué no venís vos a hacer teatro? ¡Vení a una clase y después a andá a un casting a ver lo que te pasa!" Estar cerca de un famoso es genial para darse cuenta de que la fama es puro cuento.
El lector que desee tomar clases con Marisa, podrá hacerlo escribiendo a: marisabrediche@yahoo.com.ar
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